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  • Mireille Acquart

Amazing Fashion, amazing -deadly- prices

Amazing Fashion, amazing prices es el mensaje de bienvenida a la entrada del edificio de Primark, la cadena de moda rápida irlandesa (fundada en 1969 por Arthur Ryan), ubicado en Gran Vía, la avenue más famosa, en el centro de Madrid.



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Millones de prendas a precios tan ínfimos que no tienen sentido cuando conoces el detrás de los costes de producción de una prenda: desde la materia prima, de confección y a su vez la incidencia de los costes laborales + packaging + la logística y claro, marketing y demás costos asociados.


T-shirts de 2 y 1€, el equivalente a $44 y $22 pesos mexicanos aproximadamente.

La moda rápida es un sistema de producción y consumo social y ambientalmente insostenible: materiales y terminados -en su mayoría de las veces- de mala calidad, son también acompañados condiciones laborales que no permiten a los trabajadores la oportunidad de un trabajo y una vida de condiciones dignas.


Comprar barato y comprar mucho. El mantra que llevamos viviendo desde hace ya unas cuántas décadas, pero, barato no es sinónimo de una compra inteligente. Aunque muchas veces pensemos que nos hemos ahorrado una gran cantidad de dinero por lucir ‘de moda’ o siempre con un guardarropa diverso y para toda ocasión, realmente terminamos gastando más de la cuenta en prendas que nos duran un par de lavadas y a veces ni dos temporadas. Además de llenarnos el armario de "nada o muy poco que ponernos".


Sí, es verdad que puede ser muuuuy atractivo. La Moda rápida tiene un sistema de coolhunting envidiable, reproduce piezas y estilos de alta costura, de diseñador, avant gardé y todo aquello que no siempre es accesible al bolsillo, y lo hace a precios accesibles; sin embargo, esta práctica de negocio ha sumergido a casi la totalidad de la industria en la reproducción de patrones de conducta negativos, contribuyendo en gran medida al desequilibrio climático y social que estamos viviendo hoy día y que es imperativo atender.


Estrategias aisladas que involucran el uso de algunos materiales de menor impacto ambiental, como el algodón regenerado u órganico, modal, tencel y a poliéster o PET reciclado; así como alguna política de reciclaje o recuperación de prendas, son vista en estos grandes consorcios, son importantes, aplaudibles -en cierta medida- y tienen la capacidad de generar ventanas de oportunidad para más y mejores cambios en el mercado y la industria per se; pero tambiénm es lo menos que esperaríamos de estos gigantes del retail.


Hoy es una obligación pensar en la forma en que hemos llevado al extremo nuestros hábitos de consumo y el mensaje que le damos a las marcas: la necesidad de una producción rápida, barata y desechable; adjetivos poco realistas a nuestras necesidades o aspiraciones reales de compra de vestimenta o de cualquier otro producto.


Hasta que no aceptemos que el gran problema de la Sostenibilidad en la moda es que el modelo actual (instaurado hace más de 50 años) está desbordado y fuera de control. Que necesita frenar, rediseñarse y replantearse su cadena de abastecimiento, producción y comercialización a uno más mesurado, ético socialmente y responsable ambientalmente, seguiremos ante una crisis sin fin, y montañas de ropa generadas a base de la sobre-explotación de los recursos naturales -cada vez más escasos- que se requieren para producirla y de una base social más empobrecida y al borde del colapso.


La rentabilidad debe tomar un nuevo significado, uno basado en re valorización de los recursos naturales, humanos, capitales y materiales. En el la producción y consumo sostenible.


Madrid, agosto 2019.

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